Las irracionalidades alrededor del duelo

Parte I: para el que acompaña al doliente

Foto de Jonathan Becerra en Upsplash.com

Tener pérdidas es algo natural, es un proceso intrínseco a la vida, con las diferentes adversidades que suceden en su transcurso habrá pérdidas y cambios importantes. El dolor que trae consigo se origina en nuestras creencias por lo significativo que es para nosotros.

El duelo es un proceso de transición a partir de la perdida con etapas y aprendizajes que nos ayuda a adaptarnos a la ausencia, a vivir ésta nueva realidad. Nuestros duelos pueden ser por la pérdida de un ser querido, una ruptura amorosa, migrar y extrañar el lugar de origen, etc.

Durante este proceso de adaptación y asimilación nuestros recursos de afrontamiento salen a ayudarnos y en ocasiones podemos creer que nos duele tanto que es insoportable y no seremos capaces de afrontarlo, entramos en crisis a partir de estos pensamientos porque además nos vemos amenazados y nuestro dolor incrementa, además de la añoranza se agrega el miedo a experimentar lo insoportable.  

Ante esta respuesta psicológica, los dolientes intentan explicar su dolor, en ocasiones sin éxito y se rinden ante la incomprensión de los demás. En las últimas sesiones de terapia algo constante que comentan es que las personas a su alrededor no saben cómo acompañarlas durante su duelo y que no están preparadas para hablar de la muerte. Sus intentos de consuelo van con frases como “no llores, te dolerá más”; “él/ella te quisiera ver feliz”; “deberías estar bien para los que aún están contigo”, etc.

Los dolientes saben que vienen con las mejores intenciones ¡supera tu dolor! Sin embargo, así no funciona y más allá de recibir abiertos las sugerencias, lo perciben como comentarios fríos, invasivos y prejuiciosos por lo que pueden preferir aislarse de sus redes de apoyo, esto no beneficia a ninguno.

            En muchos intentos de ayudar a nuestros seres queridos en su dolor no sabemos cómo hacerlo, creemos que por llorar o hablar directamente del tema se desbordará una respuesta emocional que no podremos contener y no sabremos qué hacer con ella. Es una creencia muy común en nuestra cultura, reprimir nuestros pensamientos de dolor y añoranza, mucho más con las emociones. Se requiere de familiarizarse con escuchar y validar, identificar que esas emociones existen para regularnos, es decir, la tristeza o miedo no son emociones negativas.

Esta evasión a nivel cultural es comprensible para el que acompaña y es que consideramos que sólo escuchar y estar presente es muy poco, cuando nos damos cuenta que muchas veces ésa es la respuesta.

¿Cómo acompañar a alguien que ha perdido o está perdiendo a un ser querido? Pregunta. Pregúntale directamente qué necesita de ti y cómo puedes apoyarlo.

Escucha activamente, es decir, sin juicio ni predispuesto a la respuesta, escucha lo que tenga que decir las veces que sea necesario para él/ella.  Sí esto despierta incomodidad en ti, puede ser una oportunidad para indagar sobre tus propias creencias sobre la muerte y el dolor.

Sí escuchar y estar presente para el doliente está siendo posible, hay algunas frases que tienen el propósito de hacerle saber que no está solo, aunque no estés pasando por ésa misma situación, conoces lo que es tener una perdida y con ello, el dolor, no intentamos hacer un termómetro de a quién le duele más y quién merece sentir más (es un error común: querer protagonizar cuando queremos acompañar), estamos buscando empatizar.

Brindarle tu presencia cuando se desahogue le beneficiará muchísimo, cuando hay llanto desbordante se necesita más una presencia y un abrazo que palabras. Déjalo que llore lo que sea necesario, estos episodios de llanto ayudan a contactar con la realidad: “extraño a un ser amado que ya no está.” No temas decir algo equívoco cuando el mensaje vaya a reiterarle que estás a su lado y que esto es un proceso.

Recomendarle que deje de pensar en el ser amado no es una solución, encaminarlo a recordar y hablar de los momentos “buenos y malos”, de aprendizaje y trascendencia en su vida sí lo ayudará, ya que puede interpretarlo desde una perspectiva diferente. Por ejemplo, una madre que había perdido a su hijo por una enfermedad se centraba sólo en que era injusto y le impedía despedirse de él, sin embargo, durante el acompañamiento pudo reconocer quién era él para ella y viceversa, se dio cuenta que había sido muy afortunada por haberlo tenido esos 19 años en su vida y que pudo estar con él abrazándolo hasta su muerte.

No intentes solucionar su dolor, no es tu responsabilidad y no podrás hacerlo ya que el doliente necesita vivir su propio proceso.

Muchas veces en sesiones familiares comentan que temen llorar en familia o hablar del dolor que tienen por la pérdida y prefieren vivirlo independientemente. Está bien decir “no sé cómo estar aquí” o “me duele tu dolor”.

En otras ocasiones nuestra ayuda puede ser activa con tareas específicas, por ejemplo, ayudarle con trabajo del hogar, ayudar a realizar pagos o pendientes, es común que el cansancio físico y emocional se presenten en ellos, así como la distracción y confusión, servirles para solucionar situaciones del orden diario, quitará un peso de su proceso.

Sí no sabes cómo acompañarlo te puedes orientar en literatura sobre duelo y tanatología, sí continúa siendo un desafío, pide ayuda.

Psic. Gabriela Murillo